Los peligros de ser un jefe controlador

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“Si quieres que se haga bien, hazlo tú mismo”. Este suele ser el lema de los jefes controladores. ¿Quieres tenerlo todo bajo control? ¿Tienes que dar tu aprobación por cualquier cosa, por pequeña que sea? ¿No permites a nadie aportar ideas, y sólo quieres que se ejecuten las que tienes tú? Si te has reconocido en esta descripción, tenemos una mala noticia para ti: eres un jefe controlador y, tarde o temprano, eso afectará negativamente a tu negocio. En lugar de motivar a tu equipo, es probable que estés creando frustración y que seas un verdadero “vampiro de energías”.

A continuación te dejamos una serie de consejos que te ayudarán a convertirte en un buen líder, y a dejar a tus espaldas los tiempos en los que eras un jefe controlador.

1) Liderar no se traduce en controlar: Un líder es una guía, un mentor cuyo objetivo principal es el de capacitar a su equipo. Guiar a tu equipo significa indicarle el camino, pero luego dejarlo expresarse y participar activamente en el negocio. Una cultura empresarial de este tipo está en constante evolución. Controlar significa limitar, restringir y poner confines donde no hay que haberlos.

2) Controlar obsesivamente es agotador: Controlar cada movimiento de tus colaboradores, ocuparse de aprobar cada decisión, rehacer un trabajo cuyo resultado no te gusta etc. es realmente agotador. Los jefes controladores acaban víctimas de un estrés que afecta negativamente a su negocio. La sola curación es la de crear sistemas de trabajo donde cada uno tenga su parte de responsabilidad. Aunque parezca difícil confiar, es fundamental hacerlo si se quiere progresar.

3) Dejar de intentar arreglarlo todo: Los jefes controladores están convencidos de tener siempre algo que arreglar. Están tan centrados en lo que supuestamente no funciona, que no tienen suficiente energías para potenciar lo que funciona. No hay nada malo en intentar arreglar situaciones que realmente necesitan de tu atención, pero cuando esto se convierte en una costumbre, y siempre hay algo que arreglar, es probable que los problemas los estés creando tú.

4) Confiar o no confiar: No importa lo mucho que se nieguen a admitirlo, pero los jefes controladores tienen problemas de confianza. Si un líder no confía en nadie, nadie confiará en él. En una cultura empresarial de desconfianza, las personas están demasiado ocupadas en “mirar a sus espaldas”. El crecimiento se ralentiza, los problemas y los errores se multiplican. Los jefes controladores necesitan entender el origen de su desconfianza crónica, y ponerle arreglo. Una cultura empresarial donde se respire confianza, es una cultura sana y destinada al éxito.

5) Dejar de hacer el trabajo de todos: La última cosa que tiene que hacer un líder es el trabajo de todos. Su tarea principal es la de crear una visión empresarial y asegurar el bienestar de la empresa. La mejor manera para crear este bienestar es asegurarse que todos los miembros del equipo estén mejorando su rendimiento, que se sientan parte de un proyecto común y que alcancen el éxito. El éxito de una persona es el éxito de todos. Si haces el trabajo de todos, no tendrás tiempo para ocuparte de lo que realmente importa en tu organización. ¿Cómo pretendes que tus empleados mejoren su rendimiento si haces su trabajo?

Los jefes controladores limitan las oportunidades para su equipo y para ellos mismos. Si piensas ser un jefe controlador, siempre estás a tiempo para cambiar. Convertirse en un líder eficiente sólo tiene ventajas. ¿A qué estás esperando?