Porqué intentar encontrar soluciones rápidas a los problemas es malo para tu salón de belleza, o spa

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Si llevas en el mundo empresarial desde hace tiempo, te habrás dado cuenta que todos tenemos que lidiar con pequeños, o grandes, problemas de vez en cuando. Pensar que todo salga bien a la primera, es una utopía.

Saber cómo gestionar y solucionar estos problemas es muy importante, pero hay un error que se tiene que evitar a toda costa, es decir: intentar encontrar soluciones rápidas.

No nos interpretéis mal; no estamos diciendo que si la solución se puede encontrar rápidamente no se tenga que aprovechar la ocasión. En este caso hablamos de todas aquellas decisiones que se toman de impulso y acaban solucionando el problema solo en parte.

Imagina de pinchar la rueda de tu coche: si le pusieras encima un parche sería la solución más sencilla y rápida, pero, ¿cuánto tiempo duraría el arreglo? Cambiar la rueda sería lo correcto, aunque cueste más tiempo, esfuerzo y dinero.

A continuación te dejamos 6 puntos que te harán reflexionar sobre lo que acabamos de decir.

1) Entiende la situación: Como decíamos, las soluciones rápidas son siempre impulsivas. La idea es que podamos deshacernos del problema cuanto antes, o por lo menos de su aspecto más negativo. En los negocios, los problemas que no se han solucionado del todo vuelven con más fuerza que antes. Respira profundamente y examina las causas que han llevado al problema. Una vez que seas capaz de aislarlas, será más fácil encontrar una solución eficaz.

2) Acepta y soluciona: Una vez individualizado el problema, ¡acéptalo! Se trata del primer paso para solucionarlo. Aceptar significa ser realista y hacerse cargo de tus responsabilidades. Como propietario de tu salón de belleza, o spa, siempre tienes parte de la culpa. Es difícil reconocerlo, pero es la única manera que tienes para enfrentarte a la situación.

3) Piensa en un plan de acción: Solucionar un problema es imposible si no tienes un plan muy claro en mente. Pensar en el plan de acción y ejecutarlo, es algo inevitable. Un buen plan prevé también pensar en los posibles escenarios negativos que se puedan crear. En pocas palabras, necesitas tiempo para entender cuáles son los pasos para llegar a la solución final. La solución rápida, como ves, no es viable.

4) Ejecuta tu plan: Una vez tengas el plan preparado, llega la hora de ejecutarlo. Este punto también necesita tiempo. Todo plan tiene su objetivo y todos los miembros de tu equipo lo tienen que conocer. Si hay que cambiar el “rumbo de tu barco”, todas las personas implicadas tienen que remar en la misma dirección. Hacer un seguimiento de tus progresos es otro punto extremadamente importante. Si hay que cambiar algo en el plan, ¡hazlo! No importa cuánto tiempo sea necesario; recuerda que lo más importante es solucionar el problema por completo.

5) Sé persistente: Las soluciones rápidas casi nunca te hacen llegar al objetivo que te has fijado. Intentar encontrar soluciones rápidas es lo mismo que pintar una pared llena de termitas; el problema se queda ahí. Ser persistente en tu estrategia es la actitud correcta.

6) Aprende de los problemas: Enfrentarse a problemas de vez en cuando es normal. Si los consideras como una manera para aprender, y crecer como empresario y profesional, ya no les tendrás demasiado miedo. Aprender de los errores, y de los obstáculos en el camino, es una oportunidad. Si te derrumbas al primer obstáculo, pierdes la posibilidad de ser mejor líder, mejor empresario y mejor persona. ¿Lo has pensado alguna vez?

Si sientes la necesidad de encontrar una solución rápida, intenta evitarlo. No importa lo convencido que estés de que vaya a funcionar…las soluciones rápidas suelen ser trampas. ¡No caigas en ellas!